La Muerte y La Minerva

Caluroso día de otoño venía la Muerte cabizbaja
al encuentro esperado con esta mujer entera
que todo Guadalajarita adora, o eso se espera,
y que por nada del mundo de su pedestal baja.

Alto ahí, con su lanza firme señaló la diosa
a la señora Muerte ya próxima y sigilosa.
Ni un paso más en estas tierras has de dar
sentenció a la flacucha que ya comienza a hablar.

Fortaleza, sin duda, tu brazo y voz muestran
serena la Muerte dice a quien la recibe.
Bien lo dejas saber con lo que acontece
continúa la flaca mientras sus dientes chocan.

Silencio casi eterno inunda la ciudad
ante el suceso enorme que aquí ocurre.
La gente acude con incredulidad
al diálogo mítico que ya discurre.

Gente honesta y de bien puebla esta villa
aclara la diosa ante la indeseable visita.
Regresar debes a tu asquerosa guarida
condena aquella con repulsión en la mirada.

Sabiduría no hay o se te ha escapado
dice la Muerte mientras asiento toma,
Refieres a gente que poco se asoma
y sus huesos descansa en el descampado.

Sangre en el aire a bocanadas se respira…
Dolor y desolación en esta tierra se avecinan…
Consuelo el menor las personas encuentran…
Y yo voy llegando, mi querida Señora.

Confuso gesto en Minerva se asoma
y sus brazos relaja, sus ojos se mojan.
Escudo y lanza de sus manos caen,
y al horizonte mira como madre que busca.

Con esmero custodio la gloria de esta urbe,
a su gente y su amor por sus costumbres.
Detalle no pierdo jamás de sus pasiones
que sin empacho muestran a todo el orbe.

Atenta la Muerte escucha a la diosa
distraída en momentos por tantas luces.
Descubriendo su calva la muy orgullosa,
del suelo comienza a levantar las cruces.

Ciudad bonita, iluminada y gloriosa,
dices que custodias, grande Señora.
Te enteras de poco o casi de nada
y ante tus pies desfilan las injusticias.

Tu gente usurpa mi legendario oficio
bajo tu mirada de orgullo mal habido.
La vida derraman en un breve respiro
de propios y ajenos sin castigo alguno.

Río de lágrimas desciende por la cara
de aquella que dice ser la custodia.
Entre largos sollozos la diosa suplica
a su leal gente que se detenga.

Lealtad me deben por la eternidad
consigna Minerva ante la Muerte.
A ellos entrego sin reparos mi bondad
lanza segura ante la flaca inerte.

Mucho me temo, magnánima señora
intenta la flaca dar su consuelo.
No puedes traer, por lo menos ahora,
de nuevo la gloria a este sucio suelo.

Confusa me marcho, un tanto iracunda,
de este lugar, a diario profanado.
Sola te quedas en esta realidad inmunda,
lejos ya de lo glorificado.

 
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