En la sala de un hospital
SEGUNDA NOCHE
Eran las 22:35 h, más o menos, cuando mi hermano y yo llegamos al hospital. Mi padre ya nos esperaba. Le sugerí que saliéramos de nuevo por un café y aceptó. Sí hace falta una bebida caliente en medio de estas paredes frías. Sentados en un tocón, mi padre y yo comenzamos a ponernos al día. Mi hermano de pie, frente a nosotros, participaba de las indicaciones, pocas, que debíamos seguir del personal médico. Debimos darnos ánimos para continuar con este régimen un tanto innecesario, pero indicado por un cardiólogo, que mantenía a mi madre, y de cierta manera a nosotros, atada a la sala de urgencias.
Los despedí, a mi hermano y a mi padre, pasadas las 23:00 h. Ya sabía que debía esperar las indicaciones del guardia de seguridad para atender a la visita a mi madre. Me coloqué en la que para mí fue la mejor banca de la sala –no tiene reposa brazos– y coloqué mis cosas a mi...